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| Relato alto con contenido erótico |
Hacía
pocos minutos que el sol se había elevado por detrás de las montañas, la noche
había sido fresca y seca, un aliciente más a la hora de dejar su fría cama e ir
a comprobar las trampas que dos días atrás había dejado puestas. Empezaba a
quedarse sin provisiones, la carne seca hacía días que había descendido en la
despensa, los frutos secos y piñones no eran precisamente el mejor de los
manjares, pero unidos al conejo asado se convertían en una verdadera delicia.
Una
irónica sonrisa empezó a deslizarse por los labios masculinos ante el recuerdo
de cómo había sido todo un año atrás, cuando movido por una apuesta había
llegado a aquella cabaña perdida en el medio de ninguna parte dispuesto a
demostrarle a sus amigos que era capaz de sobrevivir por sus propios medios. Su
orgullo había sufrido un duro golpe cuando, después de dos días, se encontró
vagando por el monte intentando encontrar cobertura para el teléfono desesperado
por volver a la civilización, las risas y la jactancia de aquellos a los que
había creído sus amigos le había enseñado una valiosa lección.
Apenas
dos meses después de aquella prueba, Shawn había decidido tomarse un tiempo
sabático, encontrarse a sí mismo y aquello que en algún momento de su vida había
perdido; El placer por las cosas pequeñas y sencillas, el amor a la naturaleza
y el saber que pasase lo que pasase podría valerse por sí mismo.
Había
dejado de ser el Ayudante de Dirección de una enorme multinacional, a
encontrarse en medio de las montañas, disfrutando del aire fresco, cazando y
pescando para vivir.
Su
pie derrapó en una zona embarrada obligándolo a volver al presente y a su
futura comida, el bosque proveía de todo aquello que necesitaba, sólo había que
saber cómo conseguirlo y Shawn había aprendido a hacerlo como el mejor de los
exploradores. Comprobando que llevaba el cuchillo en la funda, y los utensilios
en el saco de arpillera que colgaba de su cinturón, bajó por un lado de la cañada
hasta el lugar donde había colocado la primera de las trampas.
—Veamos,
¿Qué es lo que tenemos aquí? —Sonrió para sí al ver que su cena se había
enredado en la trampa que había preparado para tal efecto—. Fantástico, parece
que hoy tendremos conejo para comer.
Una
tras otra, Shawn fue comprobando las trampas, aprovechando algún que otro breve
momento para recoger algunas setas y vayas comestibles con las que aderezaría
el conejo. Concentrado en su tarea pasó por alto la brillante mirada verde que
lo seguía entre las sombras, vigilando sus pasos como tantas otras veces había
hecho.
***
Aruna
se encogió con una mueca de simpatía hacia el pobre conejo que iría a engrosar
la despensa del humano, el hombre había estado recorriendo sus bosques desde
hacía más de dos lunas, poniendo trampas y rompiendo la acostumbrada
tranquilidad, irrumpiendo en su mundo de una manera que nunca había pensado
capaz.
A
pesar de que no era el primer humano que pisaba sus montañas, sí era el único
que se había quedado tanto tiempo, que utilizaba sus terrenos para cazar, el
que acudía al gran río que nutría los suelos para bañarse y lavar sus extrañas
ropas y sobre todo, él era único que había capturado completamente su atención.
Aruna
se lamió los labios pensando en su cuerpo desnudo tal y como lo había visto la
noche anterior en el río, un pecho ancho y fuerte, duros y marcados
abdominales, estrechas caderas y una enorme y gruesa vara de carne entre sus
piernas por la que se había encontrando salivando en más de una ocasión. Aruna
no era una ninfa inocente, al igual que sus hermanas y hermanos disfrutaba
muchísimo del sexo, pero jamás en sus doscientos años de vida había tenido la
oportunidad de disfrutar del sexo con un humano, algo que estaba prohibido para
los de su especie.
—Las
ninfas no deben mezclarse con los humanos, pequeña Aruma —recordó las palabras
de su niñera—, son crueles, despiadados, te harían pedazos nada más verte y si llegan
a descubrir quién eres realmente, ah, entonces te encerrarán en una jaula, utilizarán
tu cuerpo y te alejaran de los tuyos.
No
deseaba ser alejada de los suyos, amaba su pueblo, pero su curiosidad por aquel
humano no era si no superada por la lujuria que recorría sus venas de ninfa
cada vez que lo miraba, preguntándose cómo se sentiría una polla como aquella
hundida profundamente entre sus piernas, montándola con los impetuosos golpes
de sus caderas, cabalgándola hasta hacerla llegar.
Mordiéndose
el labio inferior, se acarició los pechos por encima del pedazo de tela que los
envolvía, sus pezones pujaban duros contra la tela endureciéndose todavía más
con su roce, ante el sólo pensamiento de que fueran aquellas manos fuertes las
que los acariciarían, su boca húmeda y lujuriosa lo que los succionaría y se
alimentaría de ellos. Aruna dejó escapar un jadeo, permitiendo que la mano
abandonara sus senos y descendiera hasta la delgada tela que moldeaba sus
caderas, introduciéndose bajo la diminuta falda, acariciando su humedecido
coño.
Jadeó
mordiéndose el labio para impedir que la escuchara mientras se acariciaba sin
dejar de mirarlo, imaginando que era él quien la tocaba, quien hundía el dedo
en su interior y la volvía loca.
Gimiendo
de frustración ante su inalcanzable deseo, Aruna giró sobre sus talones y se
alejó, corriendo entre los árboles, confundiéndose con el follaje hasta el
siguiente punto donde sabía que vería de nuevo al cazador.
***
Shawn
liberó el conejo y lo degolló con una pasada rápida del cuchillo, no deseaba
hacer sufrir más al animal que se convertiría en su cena. Dejando a un lado su
presa, se dispuso a colocar de nuevo la trampa cuando oyó un ruido procedente
de unos matorrales a su derecha, pero al volverse todo lo que vio fue un
pequeño borrón.
—¿Un
ciervo? —Se levantó con cierto entusiasmo. No es que fuese preparado para cazar
un animal de aquella envergadura, por otro lado, tampoco había visto ninguno
por allí en el tiempo que llevaba ocupando la cabaña—. No, seguramente sería
otro conejo, o algún bichejo parecido.
Sacudiendo
la cabeza, volvió al trabajo, arregló la trampa y se dirigió a la siguiente,
confiando en encontrar alguna nueva presa.
***
Se
suponía que era una ninfa, el bosque era su hogar, nadie mejor que ella sabía
cómo esquivar las trampas puestas por los malditos humanos, pues bien, estaba
claro que esa no la había esquivado.
Frustrada
y enfadada con su propia estupidez, luchó por desenredarse la red que había
estado oculta en el suelo, sus delgados pies se habían enrollado de alguna
manera y cuando más luchaba por liberarse, más atrapada parecía quedar.
—No…
vamos… no puede estar pasándome esto —se quejó con un fuerte resoplido que hizo
volar unos mechones de pelo castaño de su adorable rostro—. Si ese humano me
encuentra aquí, voy a tener más que problemas, y el que me folle será el menor
de ellos.
Aruna
puso los ojos en blanco ante su fantasía, porque sí, aquella sin dura era su
fantasía, ser follada hasta no poder mantenerse de pie por aquel ser primitivo
que había venido a irrumpir en su bosque.
Resoplando,
renovó sus esfuerzos sólo para detenerse al oír pasos, el sonido de aquellos
pesados pies atravesando el suelo mullido era inconfundible, ninguna ninfa
trataba el bosque de aquella manera.
Ahogando
un jadeo, Aruna se quedó quieta, su mirada de un verde brillante clavada en la
dirección en la que la brisa traía a sus oídos el sonido de los pasos, de un
momento a otro el cazador aparecería tras los arbustos, pasando entre aquellos
dos altos árboles, y cuando lo hiciera, que los dioses la ayudaran, tendría un
montón de problemas.
***
El
encontrarse una mujer semidesnuda enredada en una de sus trampas no era algo
que Shawn esperase encontrar en medio del bosque, en realidad no era algo que
esperase encontrarse y punto.
—¿Qué
demonios…? —murmuró echando un vistazo a su alrededor, casi esperando ver un
equipo de grabación o algo que justificara la presencia de aquella mujer—.
¿Cómo has…?
Ella
se quedó completamente quieta, una cosa era ver un espécimen como aquel a
distancia, otra muy distinta tenerlo a escasos pasos. Parecía casi tan
sorprendido de verla allí como ella, sólo esperaba que no se enfadara por
encontrarla en el lugar de algún animalillo que pudiera servirle de cena.
—¿Cómo
diablos has terminado ahí? ¿Y así vestida?
Shawn
frunció el ceño, su mirada recorrió los alrededores.
—Nadie
me comentó que hubiese alguna reserva cerca, ¿Eres india?
¿India?
¿Por qué la llamaba de esa manera? Su nombre era Aruna. Lentamente, empezó a
negar con la cabeza.
—No
eres india.
Ella
negó con la cabeza y se lamió los labios.
—Aruna
—murmuró con voz musical, utilizando el lenguaje de los humanos.
Él
frunció el ceño, entonces ella volvió a repetir lo mismo señalándose a sí
misma.
—Aruna
—insistió.
—Ah,
Aruna… ese es tu nombre.
Ella
asintió con una perezosa sonrisa, entonces señaló lo obvio.
—Atrapada.
Shawn
asintió.
—Sí,
ya veo que estás atrapada, ya.
Suspirando,
se acercó y examinó la red envuelta en los pies de la muchacha.
—Voy
a tener que utilizar el cuchillo para sacarte de ahí, así que, no te muevas.
Aruna
ladeó el rostro, demasiado asombrada con la cercanía el hombre humano para
poder hacer otra cosa que no fuera mirarlo de cerca, llevando tímidamente una
mano al pelo suave del color del otoño de la cabeza masculina.
—Qué
suave —susurró para sí.
Alzó
la mirada para encontrarse con unos preciosos ojos verdes y unos labios muy
sensuales, tanto que le entraron unas inexplicables ganas de besarlos. Su polla
respingó de inmediato de acuerdo con su idea.
¡Joder!
Llevaba demasiado tiempo sin una mujer.
—Estate
quieta ahora, Aruna, no quiero cortarte, ¿de acuerdo?
Ella
echó un vistazo al cuchillo en sus manos y se tensó, sus ojos se abrieron desmesuradamente,
asustados.
—No…
daño…
—Eh,
tranquila, es sólo para cortar las cuerdas.
Ella
parpadeó y lo miró.
—Cortar
cuerdas.
—Sí.
—Cortar
cuerdas —repitió con un suspiro, entendiendo por fin que el cuchillo no era
para ella, si no para las cuerdas. Debía haber sabido que el idioma de los
humanos no era tan fácil de comprender como esperaba.
Antes
que la muchacha pudiese hacer cualquier otra cosa, pasó el cuchillo con cuidado
y destreza a través de los nudos, liberándola. Devolviendo el arma a la funda,
le tendió la mano para ayudarla a salir, sorprendiéndose cuando sonrió y
prácticamente le echó los brazos al cuello, quedando colgada de él.
Dio
un par de pasos atrás, llevándola consigo, notando el delgado y liviano cuerpo
contra el suyo, la muchacha no pesaba nada, pero poseía un cuerpo voluptuoso
que no dejaba de rozarse.
—Ya
está —la dejó en el suelo.
Ella
sonrió, pero se negó a apartar las manos, en cambio se frotó contra él, son una
perezosa sonrisa.
—Ya
puedes soltarme, bonita.
—Aruna
—dijo con una sonrisa—. ¿Tú?
—¿Mi
nombre?
Ella
asintió.
—Shawn,
Shawn Miller.
—Shawn
Miller —repitió y sonrió—. ¿Shawn Miller? ¿Unión?
Decir
que Shawn se quedó sin habla era quedarse cortos.
—¿Perdón?
Aruna
se echó a reír, apretó sus pechos contra el torso masculino y sin pensárselo
dos veces unió sus labios a los de él, lamiéndole y mordisqueándole como la
mejor de las cortesanas.
—Tú
ayudar a Aruna —ronroneó frotándose contra la cada vez más obvia erección
masculina—. Aruna, agradecer a Shawn Miller.
Shawn
se quedó boquiabierto, derritiéndose con el dulce aroma y el suave cuerpo
femenino restregándose contra él.
—Ey,
espera… espera —la alejó de sí un poco para poder mirarla—. ¿Qué coño estás
diciendo? No te he liberado de la trampa para… eso.
Aruna
ladeó la cabeza, mirándole. ¿Acaso no la deseaba? ¿Era eso? No, su polla estaba
oculta en los pantalones, tiesa, dura.
—Shawn
Miller no deseas a Aruna —preguntó, tratando de encontrar las palabras exactas
para hacerse entender.
—¿Desear?
—murmuró bajando la mirada al cuerpo femenino, reparando en la cremosidad de su
piel, su tono bronceado y en la escasa ropa que llevaba encima—. Por supuesto,
eres preciosa… y muy sexy… ¿Pero qué coño estoy diciendo? Ni siquiera sé quién
eres.
Ella
sonrió de forma hechicera, sus ojos verdes brillaban como dos esmeraldas,
atrayéndolo.
—Sí,
deseas a Aruna —sonrió—. Me deseas… entonces, me tendrás.
Ante
la atónita mirada de Shawn, la mujer que respondía al nombre de Aruna se
deshizo del top y la falda, quedando gloriosamente desnuda sólo para caminar
hacia él y prenderse de nuevo de su cuello.
—Oye,
esto no es… —trató de resistirse Shawn.
Aruna
le puso un dedo sobre los labios, entonces sonrió.
—Tómame,
Shawn Miller y sabrás lo que es tener sexo con una ninfa.
***
Shawn
debería protestar, debería comportarse como un jodido hombre y negarse a
aquello, pero era incapaz, fuese quien fuese aquella muchacha, había tejido una
red sensual a su alrededor y en todo lo que podía pensar era en follársela.
Su
boca era suave y dulce, embriagadora y su cuerpo se sentía tan bien bajo sus
manos, realmente bien.
—¿Sueles
hacer esto con todo el desconocido con el que te encuentras, Aruna?
Ella
rió.
—No,
tú eres el primero Shawn Miller.
Jadeó
cuando sintió los labios femeninos lamiendo una de sus tetillas.
—Shawn,
sólo Shawn.
Ella
le dio un nuevo lametón, entonces susurró.
—Shawn.
Las
manos de la muchacha eran suaves, apenas un aleteo de mariposa sobre su piel
que dejaba tras de sí un rastro de absoluta lujuria en su cuerpo, era como si los
dedos fueran dejando un afrodisíaco sobre su cuerpo que lo hacía endurecerse
todavía más por ella.
Bajó
la mirada y se encontró con unos ojos hechiceros, sonrientes mientras le
acariciaba el estómago con la pequeña nariz, hundiendo la lengua en su ombligo
haciéndolo dar un respingo. No tenía idea de que fuera tan sensible en esa
zona.
Aruna
continuó bajando, maravillándose de la textura, la dureza del cuerpo masculino
y el sabor salobre de su piel, el objeto de sus deseos y curiosidad se
encontraba oculto tras aquel molesto pedazo de tela que no quería ceder bajo
sus tirones.
—Espera, espera —lo oyó reírse, sintiendo como
bajaba las manos sobre las suyas, maniobrando con el cinturón—, las cosas hay
que hacerlas despacio.
Ella
se lamió los labios y observó atentamente cada uno de los movimientos de sus
manos, memorizándolo, aprendiendo como iba acometiendo cada parte.
—Es…
difícil —murmuró mordiéndose el labio inferior.
Shawn
se detuvo entonces, mirándola. Arrodillada a sus pies, tan menuda y frágil no parecía
si no una niña… ¿Qué demonios estaba haciendo?
—Aruna,
creo que esto es una equivocación —murmuró haciendo una mueca al rozar su
gruesa erección, volviendo a coger ambos extremos del cinturón que sujetaba la
funda de su cuchillo para abrochárselo.
—¡No!
—gimió lanzando sus manos para atrapar las suyas, su pequeño rostro ovalado
alzándose hacia él con una muda súplica—. No, Shawn. Aruna quiere… yo lo deseo…
por favor, Shawn.
¿Aquella
pequeña duendecilla del bosque le estaba suplicando que la follara? ¿A qué
mundo alternativo había ido a caer? Nada de aquello tenía sentido, para
empezar, ¿Qué demonios hacía una muchacha semidesnuda vagando por la montaña?
Negando
la cabeza intentó quitarse las manos femeninas de encima.
—Aruna,
ven, levántate —tiró de ella hacia arriba—. Esto no está bien… ni siquiera sé
quién eres y…diablos, eres poco más que una adolescente… ¿Qué edad tienes?
¿Dieciocho?
Aruna
hizo un puchero con sus bonitos y llenos labios.
—Shawn
no entiende, Aruna no es… yo no soy de tu raza —murmuró luchando por encontrar
las palabras exactas para comunicarse con él—. Aruna es una nereida de los bosques… una Faery, ¿entiendes?
Si
un castor hubiese aparecido delante de Shawn y se hubiese marcado unas
sevillanas, no habría estado tan sorprendido como ante la serie declaración de
la muchacha.
—¿Ein?
—respondió con cara de póquer.
Aruna
se mordió nuevamente el labio inferior y miró a su alrededor con nerviosismo,
dándose cuenta de que había metido la pata. Se suponía que los humanos no
debían conocer su existencia y ahí estaba ella, diciéndole a un cazador humano
que era un ser salido de sus leyendas y cuentos.
—Aruna…
—murmuró, entonces negó con la cabeza y se señaló a sí misma—. Yo, no soy una
niña… tu pueblo… ellos… um… nuestras edades son distintas…
—¿Quieres
decir que tienes más edad de la que aparentas? —sugirió, obviamente sin creerse
absolutamente nada.
Ella
resopló al escuchar el tono condescendiente en la voz del humano, no iba a
creerla, y si no la creía, tampoco iba a permitirle disfrutar de su cuerpo.
Rogando a los antiguos dioses no equivocarse, agarró al cazador por la muñeca y
tiró de él hacia uno de los laterales, donde unos arbustos estaban en flor y
otros tenían ya vayas.
—Shawn,
esto es lo que es Aruna —susurró antes de volverse hacia el arbusto y posando
su mano sobre una de las flores la hizo madurar hasta convertirse en el fruto
que poseían también los otros
matorrales.
En
vez de asustarse y correr en sentido opuesto, como esperaba Aruna que hiciera,
el hombre se agachó frente al arbusto, tocando las vallas que ella había hecho
crecer.
—¿Cómo…
como has hecho eso? —preguntó asombrado, su mirada yendo del arbusto a ella.
Aruna
se agachó, acuclillándose a su lado, su mirada limpia buscando la suya.
—¿No
lastimarás a Aruna? ¿No la encerrarás?
El
temor que Shawn oyó en su voz lo sorprendió y lo asqueó. ¿Quién iba a querer
encerrar a una muchacha tan dulce como ella? ¿Qué necesidad había? Entonces
volvió a mirar las vallas y lo comprendió.
—No,
Aruna… yo no voy a lastimarte, ni mucho menos encerrarte.
Aruna
sonrió ampliamente y se echó a sus brazos, rodeándole el cuello al tiempo que
unía sus labios a los suyos, desarmándolo en pocos segundos.
—Aruna…
no… espera… —trató de apartarse de ella, pero había algo en ella que
simplemente lo empujaba en la dirección contraria, a pegarse contra ella y
degustar su cálida y húmeda boca, saboreándola—. Esto no… oh… demonios… Aruna…
no debemos…
—Lo
deseo —susurró ella apretando los pechos contra su torso—, quiero… todo… de ti.
Con
un gemido de rendición, Shawn mandó a volar todo, rodeó el pequeño trasero
desnudo con sus manos y la apretó contra su erección, devorándole la boca como
un hombre hambriento y sediento de su cuerpo.
Aruna
gimió contenta, disfrutando de la entrega del hombre, arrancándose de sus
labios para volver de nuevo su atención a donde había estado previamente,
maniobrando tal y como le había visto hacer a él para abrirle los pantalones.
Una risita de júbilo escapó de entre sus labios entre abiertos cuando consiguió
deshacerse del cinturón, el botón le costó un poco más, pero finalmente lo
arrancó y tiró de ambos lados para forzar la cremallera.
La
enorme y gruesa columna de su pene se apretaba contra el elástico de los
calzoncillos negros que llevaba puestos, pero no duraron mucho antes de que con
un rápido tirón liberase la carne encerrada, esbozando una amplia y maravillada
sonrisa femenina ante el movimiento involuntario de la polla.
Lamiéndose
los labios, deslizó sus dedos por aquella cálida columna, sonriendo ante el
suave tacto, alzando la mirada hacia Shawn cuando oyó un gruñido saliendo de su
garganta.
—Es
hermosa —murmuró con esa hechicera sonrisa antes de acercar el rostro y
acariciarse la mejilla con ella para luego, sin siquiera un aviso, llevársela a
la boca y lamer la gruesa y húmeda cabeza.
—¡Dios!
—gimió tambaleándose hasta chocar contra el tronco de un árbol, sirviéndose de
este para mantener el equilibrio—. Aruna.
Sonriendo
satisfecha, rodeó su punta con la lengua, chupándolo al interior de su boca, sólo
para dejarlo salir al momento y descender la lengua por toda su longitud, como
si estuviese degustando una deliciosa piruleta.
Shawn
se encontró aferrándose con desesperación al tronco del árbol mientras aquella
hechicera de los bosques le hacía la mamada de su vida. El verla agachada entre
sus piernas, chupándole la polla con glotonería, gimiendo de gusto no hacía
sino endurecerlo todavía más, empujándolo hacia la más que bienvenida
liberación. Podía sentir como se apretaban las pelotas, preparándose para
descargarse en la boca femenina.
—Aru…
Aruna, nena… si no… si no te alejas… voy… voy a correrme en tu… boca —gimió,
sudando por el esfuerzo de contenerse.
Dejando
que toda la polla se retirara lentamente de su boca con un pequeño chupeteo,
Aruna se lamió los labios y sonriendo, miró a Shawn.
—Aruna
te tomará entero, Shawn —aseguró y volvió a chuparlo, ayudándose con la lengua,
empujándolo más allá del borde hasta que lo único que pudo hacer fue correrse,
enviando chorro tras chorro al interior de la garganta femenina, sintiendo como
esta se apretaba a su alrededor a medida que tragaba, tomándolo todo de él tal
y como había dicho.
—Mi
dios —gimió, jadeando en busca de aire mientras ella seguía extrayendo hasta la
última gota, para luego dejarlo ir y alzarse contra él, acariciándole
perezosamente las tetillas mientras lo miraba.
—¿A
Shawn le ha gustado?
No
le quedó más que admitir que así había sido.
—Sí,
cariño, ha sido fantástico.
Sonriendo
ampliamente, Aruna se apretó contra él, su mano buscando nuevamente su polla,
empezando a acariciarla nuevamente, preparándolo, excitándolo.
—¿Shawn
tomará ahora a Aruna?
Había
tal emoción y cruda sensualidad en sus ojos, que todo lo que pudo hacer fue
gruñir y bajar su boca para poseer la suya en un furioso beso, enlazando la
lengua con la suya, probándose en sus labios antes de separarse abruptamente,
contemplar su cuerpo con lascivia y lamiéndose los labios, la miró.
—Oh,
sí, cariño, sin duda, lo haré.
***
Las
manos masculinas recorrían su cuerpo con enfebrecida necesidad, arrancando
cualquier pedazo de tela que encontraban a su alcance, dejándola completamente
desnuda y expuesta a sus caricias, encendiendo su lujuria más allá de lo que
jamás la había llevado nadie.
Aruna
gimió cuando la boca de Shawn se cerró sobre su pezón derecho, lamiendo y
chupando, amamantándose con desesperación, alternando sus lamidas alrededor del
pecho, entre el valle de sus senos para llegar al otro pezón y prodigarle los
mismos cuidados, los gemidos y gruñidos de ambos se mezclaban con el aire,
inundando el silencio del bosque en la mañana. Arqueándose, le entregó por
completo los pechos, lamiéndose los labios mientras él la besaba, succionándola
tan dentro de su boca que casi podía pensar que deseaba devorarla.
—Shawn
—gimió retorciéndose contra el mismo árbol al que lo había empujado antes ella,
jadeando, sintiendo su boca sobre sus pezones, sus manos vagando por su cuerpo,
acariciándola, atormentándola hasta encontrar la humedad entre sus muslos.
—Eres
deliciosa, creo que no podría dejar de lamerte —ronroneó arrancándose de sus
pechos, dejando un sendero de besos por su estómago, moldeándole las caderas
con las manos, ahuecando sus nalgas y masajeándolas, sólo para hacerlas
resbalar por la parte trasera de sus muslos, alzándola a pulso, abriéndola para
la definitiva incursión de su boca.
Aruna
gritó de placer cuando notó la boca del humano amamantándose de su coño, lamiendo
toda su raja, recogiendo los jugos con la lengua sólo para introducirla en su
interior, moviéndola, chupando con fuerza, buscando hasta encontrar la perla
oculta de su clítoris y atormentarla de una manera deliciosa.
Los
jadeos escapaban sin remedio de sus labios, la boca entre sus piernas estaba
causando estragos, llevándola al borde, enloqueciéndola, podía sentir que casi
estaba ahí, rozando el orgasmo y entonces… él se detuvo.
—No…
—gimió con desesperación—. Shawn… házselo a Aruna…
Shawn
se entretuvo soplando sobre su carne caliente, haciendo que se estremeciera,
oyéndola lloriquear.
—Shawn
—lloriqueó ella.
Sonriendo,
la alzó en sus brazos, obligándola a envolver las piernas alrededor de su
cintura.
—Rodéame
con las piernas —le susurró al oído—. Hazlo, o no te follaré.
Gimiendo,
ella obedeció rápidamente.
—Shawn,
Aruna quiere…
—Shh
—la hizo callar con un beso, entonces empezó a penetrarla lentamente—. Vamos a
ver qué tal se te da cabalgar, duendecillo.
Aruna
gimió sujetándose de su cuello, aquella enorme polla se estaba clavando
profundamente, llenándola por completo de una manera deliciosa y enloquecedora,
las manos masculinas permanecían aferradas a sus caderas, sujetándola,
empalándola hasta el fondo sólo para volver a alzarla y hacerla bajar una vez
más por toda su longitud.
—Dios…
estás malditamente apretada… es… fantástico —gimió entre los apretados dientes,
luchando por mantener aquella enloquecedora y lenta caricia. Apretando su
espalda contra el tronco del árbol, manteniéndola sujeta, empezó a salir y
entrar de ella con profundos gruñidos, el sonido de la húmeda carne chocando
contra carne inundaba el aire al compás de sus gemidos y gruñidos, sus
movimientos se hacían más rápidos, más profundos, follándola con todas las
ganas y la lujuria que llevaba contenido en su cuerpo por todo el tiempo que
había pasado sin sexo. Podía oír los jadeos femeninos en su oído, más
desesperados, más acelerados, pura lujuria que lo invitaba a empujar más duro,
más profundo, clavándola con sus embates.
—Shawn…
Aru… Aruna… no… no puedo… más…
Él
se rió en voz baja, complacido y satisfecho consigo mismo al oír sus
entrecortados jadeos, podía sentir el orgasmo construyéndose en su interior,
preparándose para una explosiva liberación.
—Vamos,
duendecillo… córrete, dame todo lo que tienes —su voz lamió su oído,
provocándole el estremecimiento final.
Aruna
gritó su liberación, cediendo en los brazos del cazador humano, los espasmos
recorrían su cuerpo mientras lo sentía profundamente enterrado en un interior
antes de que empezara a retirarse para salir de ella por completo. Un pequeño
gemido de decepción se vertió de los labios femeninos justo antes de que sus
piernas se liberaran de su cintura, posándose nuevamente en el suelo con un
ligero tambaleo que Shawn detuvo al tomarla de la cintura y girarla de cara al
tronco.
—Pon
las manos contra el árbol, duendecillo, todavía no he terminado —le susurró
empujándola suavemente, rodeándole la pelvis con un brazo sólo para atraerla
hacia atrás, exponiéndola, alzando su trasero hasta tener nuevamente su polla
presionándose contra la humedecida entrada de su coño—. Voy a follarte como a
mí me gusta.
Gimiendo,
dejó caer las manos contra la corteza del tronco, lanzando un lujurioso quejido
cuando Shawn la empaló de una sola embestida hasta la empuñadura, retirándose
inmediatamente para volver a embestirla mientras la mantenía sujeta por las
caderas.
—Eso
es —gimió, entrando y saliendo de ella—, esto es bueno… realmente bueno…
Aruna
gimió, jadeando al sentirse llena, enloqueciendo de lujurioso placer con cada
nueva embestida y retirada, aquello era lo que deseaba, ser follada con aquella
intensidad que amenazaba con hacerla pedazos.
Un
nuevo orgasmo empezó a construirse en su interior, creciendo con cada nueva
embestida, haciéndola gemir por alcanzar nuevamente la tan ansiada liberación.
—Así,
duendecillo, así… casi estás… sólo un poco más… caliente y apretada, la follada
perfecta —la animaba Shawn apretando los dientes mientras luchaba contra su
propio orgasmo hasta que era casi imposible seguir deteniéndolo.
—Shawn
—gimió con aquella aterciopelada voz.
—Ya
casi ahí, cariño —le susurró clavándola una vez más hasta el fondo.
Aruna
se corrió por segunda vez, gritando, apretándose alrededor de la polla de
Shawn, encadenando su orgasmo con el de él, haciendo que se disparaba en su
interior, llenándola con su semilla.
—Ahora…
esto es más de lo que Aruna podía esperar—murmuró dejándose ir contra el árbol,
sólo para tenerle tras ella, apretándose también, resollando—. ¿Shawn?
—Dime,
duendecillo.
—¿Podríamos
volver a repetir esto mañana?
Shawn
se echó a reír, salió de ella y la giró, atrayéndola de nuevo hasta su pecho.
—Yo
preferiría continuar ahora mismo.
Sin
darle tiempo a articular ninguna palabra, poseyó su boca dispuesto a darle a su
duendecillo una verdadera lección.
***
Los
solitarios días en las montañas ya no volvieron a ser lo mismo para Shawn, cada
pocos días recorría las trampas que le proporcionaban el alimento, recogía
algunas vallas y raíces que Aruna le había mostrado como comestibles y
disfrutaba de la compañía de una pequeña duende del bosque que había conseguido
que salir de caza fuera mucho más divertida y jodidamente satisfactoria.

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